conversaciones con David Foster Wallace

Por qué tiendo a leer libros que no son alegres

La pista que me dio David Foster Wallace

Hace unos días alguien en Instagram pedía recomendaciones de libros alegres a través de sus stories. Quise recomendar algún título, así que me quedé pensando con el pulgar sobre la casilla del sticker de las preguntas en la pantalla de mi teléfono, encantada ante la idea de proponer un título ameno, liviano, entretenido, hilarante: perfecto para el verano.

No conseguía dar con ninguno entre mis lecturas recientes y desistí. De hecho, me paré a pensarlo y la gran mayoría de mis lecturas últimamente son historias dolorosas, retorcidas, perversas u oscuras. Por supuesto que me entretienen, claro que las disfruto; muchas son precisamente muy divertidas, pero diría que no son libros de tumbona de playa. He leído muchos otros que sí encajan en ese contexto, pero en aquel momento no conseguí traer ninguno a la mente.

El caso es que empecé a preguntarme por qué tiendo hacia ese lado oscuro cuando se trata de literatura. Pensé en qué me aporta realmente leer historias difíciles, violentas; desagradables muchas veces.

La primera pista la tuve clara: no es por hacerme la chula, pero, joder, a menudo leo a autoras y autores que ofrecen una calidad literaria soberbia, ¿acaso esto no es suficiente? Claro que sí.

La segunda pista me la dio David Foster Wallace. En una de las –increíbles– entrevistas que aparecen en este libro que os muestro en la foto rodeado de vegetación sin podar y editado por Pálido fuego, Wallace afirma lo siguiente: la narrativa sirve para averiguar en qué consiste ser un jodido ser humano. Boom.

Por si acaso no me había quedado claro, da la casualidad de que mi admirado Héctor Torres, autor de Caracas muerde, dio hace muy poco una charla TED titulada ‘¿Por qué leemos historias duras en tiempos difíciles?‘ (os animo con fervor a escucharla) y en ella confirma la que será la tercera pista: las leemos “simplemente porque nos ofrecen antorchas para atravesar la caverna”.

La verdad, no necesito ninguna explicación más. Estoy convencida de que, en gran parte, mis lecturas hacen de mí la persona que soy y, aunque estas sean duras, hirientes o difíciles de digerir, en absoluto soy una persona triste o perversa; en todo caso, gracias a ellas, soy una persona preparada para la vida.

Me gustaría aprovechar la ocasión para deciros que, tanto si sois personas admiradoras de David Foster Wallace como si jamás habéis leído alguno de sus libros (¡por favor, hacedlo!), vais a disfrutar estas ‘Conversaciones’ del autor con diferentes periodistas porque en ellas se habla precisamente de lo que importa: de literatura. De cómo ser un jodido ser humano.

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