Clarice Lispector aprendizaje o el libro de los placeres

Clarice Lispector, Aprendizaje o el libro de los placeres

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Clarice Lispector empieza este libro con una coma y lo termina con dos puntos. No se puede ser más chula. Qué manera de decir: ojo, que no me importan las formas, que esto es un fragmento, esta es una historia que ni yo sé dónde empieza o dónde acaba, pero te va a dar igual porque es más grande que tú y te va a terminar eclipsando. ⁣⁣⁣

Qué genio era. Escribiendo desde la total introspección, perdiéndose en divagaciones existencialistas que la dejan a una con estupor y temblores (guiño, guiño): no encuentro otra manera de enfrentarme a ella.

Especialmente cuando se pone tan densa que, con el cerebro confinado y a medio gas, sé que a pesar de entender la literalidad de lo que me cuenta, hay mucho más entre esas líneas. Algo que varía según el momento vital o el momento del día, si me apuráis. ⁣⁣⁣⁣

Lori, la protagonista, se pregunta todo el tiempo «Quién soy yo» y Ulises, su pasión y, a ratos, su némesis, le replica: «Eso no se responde, Lori. No te hagas la fuerte preguntándote la peor pregunta». ⁣⁣⁣⁣

Pues eso, amigas, no nos hagamos las fuertes tratando de comprender todo lo que se plantea en este libro a la primera. A Lispector se la lee desde la intuición, no desde la lógica.

«Este libro requirió de una libertad tan grande que tuve miedo de darla. Está por encima de mí. Intenté escribirlo humildemente. Yo soy más fuerte que yo»

Clarice Lispector al inicio de Aprendizaje o el libro de los placeres

Aquí una sinopsis de Ediciones Siruela

Aprendizaje o El libro de los placeres, publicado por primera vez en 1969, despertó la polémica entre los críticos, que aún hoy debaten sus posibles interpretaciones. Este es el relato de cómo el amor se forja en dos seres: a través de un arduo desnudamiento interno los protagonistas van recuperando su identidad hasta alcanzar la renovación vital en la mutua entrega. A su ejercicio introspectivo opone la autora su propia búsqueda formal, el intento de superar los límites del estilo amalgamando forma y fondo en una prosa rebosante de imágenes que desarman al lector con su verdad hiriente. Su lectura ofrece a quien la emprende el desafío de seguir paso a paso ese ahondamiento, ese despojarse de todos los bagajes para iniciar un definitivo aprendizaje de la existencia.

Aquí un ruego

Leed a Clarice Lispector, por favor.

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