mano sujetando un ejemplar de Berg de la autora Ann Quin

Berg, Ann Quinn

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Si queréis haceros una idea de cómo debe ser perder el sentido de la realidad, os recomiendo leer Berg, un libro de la autora -tristemente- olvidada Ann Quin. El título ha sido rescatadado 56 años después de su publicación por las editoriales independientes Underwood y Malas Tierras en un trabajo de coedición maravilloso con la certera traducción de Axel Alonso y Ce Santiago. ⁣

En estas páginas está la historia de Berg, un vendedor ambulante de crecepelo y pelucas que tiene el firme propósito de matar a su padre, un auténtico canalla que los abandonó a él y a su madre cuando era un niño. Con todo el resentimiento que es capaz de albergar y un complejo de Edipo soterrado, Berg se muda a una turística ciudad costera y cambia su nombre por el de Greb, dispuesto a encontrarlo y acabar con sus días. ⁣

Esto es lo que inicialmente nos cuenta la autora y es lo único que tenemos claro. A partir de ahí el absurdo, lo oscuro, el humor y el -casi tierno- patetismo de los personajes derivan hacia una trama que haría las delicias del mismísimo Freud. Suspense y vodevil, todo en uno. ⁣

La prosa de Quin es de una belleza extraña y exigente. Juega con la sintaxis y las formas para crear espejismos y confundir al cerebro lector que se encuentre al otro lado, ansioso por ver ejecutado cada plan pésimamente elaborado por Berg o, mejor dicho, Greb.

Tengo que reconocer que no sé qué me ha resultado más fascinante de esta lectura atípica, si la propia autora (os animo a investigar sobre su vida) o esta, su primera obra, olvidada durante tanto tiempo. Sea como sea, podemos considerarnos afortunadas de que nos la hayan traído de vuelta. ⁣

Un breve fragmento de Berg

«Siguió andando, dejó atrás las numerosas formas y figuras que eles que se elevaban y caían, o se arrastraban hacia él, le agarraban del pelo, le tiraban de la ropa, y en la distancia el susurro de una orquesta sin director, tocando piezas desconocidas, por lo que le costaba distinguir si era el viento o el distante latido del mar, frente a los más definidos tonos de los seres humanos. ¿Existe aún un mundo más allá de este lugar? Pues claro que sí, idiota, no puedes esperar ser un dios y apagar y encender la vida como si fuese una bombilla.»⁣

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